golpear la duda contra el pecho
clavarse el llanto aunque no llegue
beber el grito anticipado
temblar con bronca por si acaso
negar historias, caricias y juguetes
hacer de la vida un rito
un compromiso ineludible
perderse todo
Monedas
...
Todo el suplicio en sus ojos. Los colectivos no tienen frenos ni tiempo ni amor. En la vereda, la mano en alto, los pies inquietos. La figura desgarbada retorcida sobre sí es una oscura mancha en una ciudad distraída.
Los colectivos pasan con desaire. Un ruego le entreabre la boca. Los labios secos. Su piel manchada como el alma inútil. La fría mañana resguardando rencores con bufandas. La mentira de todos a flor de piel. Vistazos esquivos entre los nosotros, que vamos apurados o ausentes o inconscientes de su necesidad.
“Me está esperando en Pacífico”, suplica murmurando para sí entre dientes rotos. La voz tiembla desde el fondo de una garganta cerrada. Las lágrimas contenidas, la miseria en una manga. Nadie nunca nada. Como cada día. Como cada día.
Hijos nuevos
....
....Ellos se asomarán por la puerta y la verán completamente azul, desnuda en todo su esplendor. Al principio no será fácil comprender, quizás por temor, pero la curiosidad será dominante e ingresarán. La casa será espaciosa, sus paredes estarán cubiertas por alfombras o empapelados brillantes. No podrán ignorar las baldosas doradas. Seguirán avanzando a paso lento, juntos. No desearán separarse y el grupo será uno. Sentirán cómo las diferencias se diluyen en los colores que se acercan desde las paredes. Los pasos serán tímidos. Mirarán para atrás pero la puerta ya estará cerrada. No sabrán cómo pasó.
....Después de lo que parecerán horas se encontrarán frente al altar. La figura habrá minado en gran parte sus fuerzas. Sentirán que pasaron días desde que cruzaron el pórtico. Años desde que se enteraron de la existencia del templo. Lo de antes habrá sido otra vida, supondrán. En algún momento querrán mirarse entre ellos. Girarán apenas la cabeza pero no se reconocerán unos a otros. Nada será como ahora. Nada importará más que su cuerpo azul, su esplendorosa figura. Una vez que los haya reconocido, su mirada magnética no los abandonará. Un silencio agudo cegará sus oídos, la belleza callará sus ojos. Ya no desearán nada más. Y la transformación será completa.
Blancanieves (el otro final) I
........El príncipe le dibujó en la boca el más caliente de los besos. Rozó apenas su lengua contra los dientes pequeños. Sintió su piel helada. Se apartó unos centímetros para mirarla por última vez. Sus ojos quietos habían perdido el brillo de los primeros años. Volvió a besarla, esta vez con congoja. Los labios cada vez más fríos, el rostro cada vez más rígido. La lágrima marcó un camino suave en su mejilla de muñeca.
Son muy frágiles
....Son figuras de cartón. Están por todas partes y no entiendo sus motivos. Circulan libres en el mundo pero chocan cuando me encuentran y, por lo general, el impacto lo sufro yo.
....Desagradan a la vista, aburren al oído y son invulnerables al tacto porque no tienen piel. Sólo una lija marrón que raspa y raspa la realidad para moldearla a su gusto.
....Equivocan la ruta y están orgullosos de eso. Alguna vez soñaron con ser como yo pero los años son implacables: van perdiendo materia a medida que acumulan seguridades. Flaquitos quedan…
....Se sienten cómodos si están en fila con sus pares. Empujan un poco para adelante y para atrás; si tienen suerte tumban a dos. Con eso ganan, superan, exitosean. Eso les hace perder más materia